Dans le Noir – Cenas a oscuras


Passeig de Picasso, 10, 08003 Barcelona T. 932 68 70 17

 

dans-le-noir-1-copyright-debocaenbocaNo, no se nos han olvidado las fotografías, simplemente es que en este post no habrá nada más que una o dos. ¿Por qué? Porqué no las tenemos ya que en Dans le Noir no es posible. Pero… ¿por qué? Porqué en Dans le Noir cenas a oscuras. ¡Sí, en la oscuridad más absoluta! Este fue el regalín de Reyes de nuestros amigos el Barbas y Pilili y claro, esto propició una de esas escapadas gastronómicas a la ciudad Condal que tanto nos gustan.

 

EXPERIENCIA SENSORIAL…

Está situado en el Barrio del Born. El local es grande, espacioso y con una gran barra en forma de isla. Compuesto por amplias mesas, sillas y sofás, donde intuimos se puede tomar una copa tranquilamente o alguno de sus cócteles. De todas formas no damos grandes detalles porque este no será el espacio donde transcurrirá tu experiencia sensorial.

Cuando llegas, te recibe una amable chica con divertido acento afrancesado que confirma tu reserva y te pregunta sobre intolerancias o alergias alimenticias y así poder ajustar el menú a tus necesidades. Te informa también que tienes a tu disposición unas taquillas individuales dónde puedes dejar tu abrigo, bolso y, sobretodo, teléfonos móviles y relojes que den algo de luz. Incluso, aunque tu reloj no sea digital, aquellos en que las manillas son fluorescentes también te sugieren dejarlos dentro de la taquilla.

Nos citaron a las 20h, pero simplemente se trata de una hora de referencia para que todos los comensales estén listos a las 20.30h para entrar todos juntos, tal y como te lo indiquen allí, en el comedor. Nuestra camarera fue Pilar, invidente casi total, que fue la responsable de acompañarnos al interior del comedor….

Bueno, a partir de aquí hemos decidido explicaros por separado qué tipo de sensaciones vivimos los dos, porqué sin duda, Dans Le Noir, no es una experiencia gastronómica, sino una experiencia sensorial y cada uno la vive diferente, como puede más bien, ¿no?:

  • Parte femenina de DBenB: sin querer dar detalles, en esta situación tan novedosa y diferente, hubiera preferido pegarme a mi acompañante como una lapa. También me sorprendió comprobar que lo de cenar a oscuras, aquí va muy en serio: es oscuridad absoluta, no te ves ni tus propias manos por lo que se desató algo muy típico en mí: una risa nerviosa ante situaciones que me incomodan y que me sacan de mi zona de confort. Así que no me quedó otra que confiar en Pilar dejando que llevara la voz cantante en todo. Desistí, por supuesto, desde el primer momento, comer con cubiertos. Parece una tontería pero comer a oscuras te convierte en un inepto total con otros utensilios por no decir que, dado que el sentido de la vista no te aporta nada, sólo el del tacto te genera algo de confianza para saber la forma, el grado de temperatura y el tamaño de lo que vas a tener que meterte en boca. Con eso y tu olfato harás lo que buenamente puedas antes de llevarte los bocados a la boca. Así que, como una troglodita, fui probando lo que me iban trayendo a la mesa. La comida y bebida aquí no es lo más importante, da igual si es excelente, normal o menos buena, da igual como esté presentada, incluso si está fría o caliente… Me centré en disfrutar de ir hablando con mi pareja sobre lo qué creíamos que teníamos en el plato y las diferentes sensaciones que habíamos tenido al entrar, al sentarse y al empezar a probar las cosas. Eso sí: en cuanto acabamos la cena y un par de parejas a nuestra derecha solicitaron salir antes, nos montamos al carro, sobretodo porqué mi acompañante no estaba del todo cómodo.
  • Parte masculina de DBenB (El Agobiado): yo llegué tranquilo, pletórico, con ganas de disfrutar la experiencia. En cuanto nos sentaron pensé que allí era donde íbamos a cenar y me tranquilizó el haber podido hacerme una idea mental del espacio y de cómo era el local. No pensé que nos cambiarían de sitio ni que la cena era realmente en la oscuridad total. Luego, cuando vi que nos daban explicaciones y nos decían que nos adentraban en otra sala contigua ya empecé a ponerme algo intranquilo pero no estaba ni agobiado ni nervioso, más bien expectante. Para los que no me conozcan de nada aprovecho para comentar que no me caracterizo por ser un “atacado”. Es probable que al estar distraído con las explicaciones y al contar, ingenuamente, con el hecho de que seguramente algo de mínima visibilidad tendríamos, no se me ocurrió preguntar nada de nada. Lo que me sucedió fue extraño y ahora sólo intento explicarlo o justificarlo pero sin saber, a ciencia cierta, que es real y que añado yo para darle coherencia. En cuanto vi que realmente no se veía nada de nada me asaltaron un sin fin de preguntas que no ayudaron a tranquilizarme: ¿ y si alguien se encuentra mal o le pasa algo o se agobia y empieza a querer salir despavorido y al no ver nadie nada se genera un clima de pánico incontrolable? , ¿tiene esta gente un plan B en caso de que algo así ocurriera?, ¿por qué no lo había preguntado todo eso antes?, ¿cómo es que me había dejado convencer tan fácilmente para dejar mi móvil en la taquilla con lo bien que me iría, en caso de emergencia, para poder hacer algo?, ¿y si se agobiaba mucho mi pareja y no la podía ayudar?, ¿y si algún gracioso empezaba a tirar cosas de la comida sobre los demás comensales o se te derramaba algo sin darte cuenta y manchabas a alguien?, ¿cómo iba a reaccionar la gente si algo de todo esto ocurría? … Todos estos interrogantes se dispararon en mi cabeza mientras esperaba a poder seguir avanzando y tomar sitio. El hecho de que, tal y como nos habían avisado, la gente, al no verse, tiene tendencia a hablar más alto y que se hubiera formado un alboroto importante entre risas nerviosas, frase entrecortadas y golpes de mesas y sillas ocasionados por los otros comensales no me ayudó en absoluto y tuve que hacer un acto de autocontrol de los que no recuerdo haber tenido que hacer nunca para no salir de allí corriendo sin contemplaciones. Me ayudó el sentarme en la mesa y coger la mano de mi pareja. Fueron 5 minutos muy malos pero conseguí no dejarme llevar ni transmitir mi agobio al resto de comensales. Conforme nuestra camarera empezó a comentar platos, ponernos el vino y empezar con la dinámica habitual de la cena, jugando a descubrir cada bocado, poco a poco, fui volviendo a ser yo. Bueno, mi yo más reconocible para mi. Al final, en 1h aproximadamente, ya habíamos acabado y, al parecer, había más parejas con cierto desasosiego ya que en cuanto se acabaron el postre pidieron salir muy amablemente. Nosotros nos apuntamos al carro tan ricamente.

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Creemos que Dans le Noir no es apto para todos los públicos: tienes que tener la mente abierta, sin traumas ni miedos a la oscuridad y poder ser capaz de confiar en una desconocida durante 1 hora. Preferimos no explicar nada sobre lo que bebimos y comimos para no aguarte la experiencia. Simplemente quédate con que está bien elaborado, que son cosas muy normales y que no es nada abundante. De hecho nosotros salimos a las 21.45h y nos fuimos a picar algo más ya que sales emocionado pero con algo de hambre porque hay cosas que te dejas o que no te acaban de convencer por su textura o sabor y no lo disfrutas igual que cuando tienes un buen plato delante. Experiencia interesante y más cuando, al salir, te enseñan lo que has comido y bebido. Nosotros acertamos casi el 90% de las cosas y con lo que fuimos algo más perdidos fue con los vinos.

¿Os atreveréis?…ya nos contaréis…

 

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