Restaurant Cook & Travel


cook&travel-0-copyright-debocaenbocaLa nueva puesta en escena de los restauradores responsables del restaurante Sirco Airlines nos llenaba de curiosidad. Íbamos deseando disfrutar al máximo pero, de nuevo, muy probablemente, lo que nos ocurrió en Cook&Travel  simplemente se debió a un problema de expectativas. Éstas eran máximas y claro, el chasco es mayor si no se cumplen.

EL LOCAL  

En el mismísimo Hotel Regente Aragón de Salou, en una entrada independiente al lado de la recepción encontrarás Cook&Travel . Al  lado y colindante también se encuentra la otra propuesta de este grupo, el restaurante Deliranto. El primero con un aire más desenfadado tanto en la puesta en escena como en el precio final. A segundo queda pendiente ir para hacer una valoración adecuada.

El restaurante Cook & Travel está distribuido en tres espacios. El primero, situado nada más entrar, y paralelo a una barra imponente es el espacio más informal tanto por la decoración de sus paredes  a base de pizarras, como por la disposición y apariencia de sus mesas, unas más altas para picar algo rápido y otras más bajas para sentarse más tranquilamente. A continuación dispones de un segundo espacio en el que quieren diferenciar también dos comedores: uno más tradicional y luminoso donde predomina el blanco, y otro más moderno y menos luminoso, con una enorme pantalla donde se proyectan diferentes imágenes durante tu estancia. NO acabamos de entender muy bien esta diferencia pero seguramente tiene alguna razón que se nos escapa ya que las mesas, salvo una que estaba vestida con mantelería, el resto disponía de salvamanteles individuales y el mismo tipo de cristalería y cubertería. Nos ofrecieron sentarnos en lo que sería este tercer y último comedor en el que, por unanimidad, acordamos que las sillas no eran las más idóneas para comer porque eran muy cómodas y amplias pero algo bajas y quedabas algo alejado del plato. Parecían ideales más para el posible copazo y la tertulia posterior que no pudimos tener dado que la velada se alargó, nos quedamos solos en el local y empezaron a recoger todo a nuestro lado generándose la incómoda sensación de que te invitan a que vayas desfilando.

¿QUÉ COMIMOS?  

Empezaremos por ensalzar que todo lo comido estaba rico y que la presentación de los platos era bonita y, en algunas ocasiones en que entraba en escena el nitrógeno líquido, llegaba a rozar lo espectacular. Pero una cosa no quita la otra y la atención recibida no nos pareció estar a la altura del local ni de los fogones. Y no nos caracterizamos por ser unos refinados y repelentes comensales a los que les gusta que les hagan la rosca… ya nos conocemos un poco los que nos vais siguiendo…

Desde nuestra entrada hasta que nos tomaron nota por primera vez pasaron 20 largos minutos. Se hicieron largos y bien se podrían haber hecho más amenos si nos hubieran tomado nota de las bebidas y/o nos hubieran ofrecido algún tipo de posibilidad de tomar un refrigerio mientras esperábamos. No fue así y cuando vinieron se excusaron con que habían tenido un problema con el ordenador que no nos convenció. Entendemos que esa hora –diez de la noche- es la más crítica ya que tenían el local con bastantes mesas ocupadas pero perdieron la oportunidad de tenernos contentos de entrada, aunque en ese momento no le dimos mucha importancia con el fin de no predisponernos mal. Una vez pedido el maravilloso albariño Paco y Lola Vintage  que acompañaron obsequiándonos con el aperitivo aperitivo de la casa se nos empezó a dibujar una sonrisa. Había hambre, ganas de disfrutar y mucha sed… Por ello pedimos también un agua y tuvimos que pedir que nos cambiaran uno de los vasos por no estar en condiciones óptimas. El que nos trajeron era diferente al resto de la vajilla de la mesa.

Dicho aperitivo constaba de unas Cortezas bañadas en chocolate, galleta crujiente de queso y esferificación de aceituna:las cortezas, con ese contraste de sabores dulce-salado, entusiasmó a la mesa. La falsa aceituna esferificada no consiguió sorprendernos por ser excesivamente densa, parecía más la textura de un mochi japonés que una piel de aceituna, y, la última, unas discretas galletas crujientes de queso.

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Ya íbamos con idea de probar uno de sus menús degustación y entre los 4-5 que leímos, optamos finalmente por el menú Nikkei, mezcla de cocina peruana-japonesa y del que nos avisaron era el menú con más connotaciones picantes. De los cuatro comensales, sólo uno era de esos que el picante les vuelve loco y casi nos replanteamos la decisión pero al final seguimos adelante con nuestra intención. Pese a todo, no nos arrepentimos porque sólo en un par de ocasiones el plato picaba lo suficiente como para llegar a incomodar algo a los que somos menos picantes. Empezamos:

  • Niguirikkei de bovagante y ají amarillo: no, el arroz no estaba en su punto. ¿Por qué lo sabemos? Porqué al tomar nuestro niggiri, el arroz se desmoronaba y el niguiri se desmontaba sin remedio cuando la gracia de este bocado es esa: comerse de una y no en mini porciones. Aquí nos ocurrió otro suceso desafortunado a nuestro modo de ver. Al traernos los dos platos con dos niggiris por plato, uno de ellos se cae de una altura de palmo y medio hasta la mesa. El camarero que nos atiende se disculpa amablemente pero nos pide que con el tenedor recojamos el niggiri superviviente y lo añadamos al plato dónde ya había dos. Lo restos del otro niggiri desmenuzado fue recogido por nosotros también y cundió el desconcierto general en la mesa, la verdad, ya que se quedaron granos de arroz por el medio de la mesa que nadie limpió durante toda la cena. Mientras se iban a por el niggiri que nos faltaba comentamos el error que se unía a las pequeñas decepciones anteriormente comentadas. En cuanto al sabor, lo dicho: incorrecta cocción del arroz y el bogavante aunque presente, bastante ausente gustativamente.

 

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  • Tiradito de atún con foie y sésamo: dos de los comensales somos poco amigos del foie mientras que los otros dos son grandes amantes de dicho producto. Por ello sugerimos que dos de los tiraditos se sirvieran sin él, a lo que nos comentaron que así se servirían pero que el foie lo traerían igual para el disfrute de los comensales que así lo gozaban. ¿Resultado? Los dos platos de tiraditos sin foie y éste en un bol aparte. Está claro que no nos entendimos. La idea era unos con foie y otros dos sin foie y con él aparte. A esto se unió que sin habernos terminado el foie, vinieron a retirarlo porqué ya traían el siguiente plato por  lo que tuvimos que frenarlos… Las prisas, en este tipo de menús degustación y en general, no son buenas compañeras.

 

 

Empezamos, sin darnos cuenta casi, a dejar de disfrutar porque nos parecía que eran ya suficientes detalles como para pensar que era cuestión de suerte. Estábamos ya algo susceptibles, lo reconocemos pero teníamos nuestros motivos. Justo en estos momentos apareció en la sala el Chef y empezó a preguntar, mesa por mesa, como estaba siendo la velada. Ante su insistencia en nuestra mesa y nuestra respuesta comedida nos preguntó si algo no había estado bien y comentamos, quitándole importancia, que la comida estaba siendo rica pero que algunos detalles del servicio no nos estaban convenciendo. Se disculparon y agradecieron el comentario para seguir mejorando. Actitud que nos pareció muy buena e intentaron disculparse diciendo que alguno de los camareros no llevaban ni una semana trabajando para ellos. Recordamos entonces un hermoso cartel que había en la puerta de la entrada donde reclamaban la inminente necesidad que tenían por conseguir personal de sala.

  • Tataki de pez mantequilla a la Peruana: nos pareció algo grueso en corte, suave sabor y grasa textura. La presentación, alegre y colorida. Aquí teníamos puestas muchas expectativas en este tipo de pescado pero nos pareció algo insípido en sí. Es probable que nuestra ignorancia hiciera aumentar en exceso las expectativas. Nada que objetar a su elaboración, que quede claro.

 

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  • Cevichekkei con sésamo, daikon y wasabi:impresionante presentación con nitrógeno líquido. Sabores diferentes con toques picantes que empezaron a conseguir que remontáramos el vuelo.

 

  • Causa con boniato, atún balfegó y ensalada japonesa: este fue uno de los mejores platos de la noche. Estaba delicioso. El conjunto era realmente sorprendente en boca y nos encantó por unanimidad.

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  • Taco de corvina umami:Muy sabroso y bien de picante. Presentación divertida y cantidad hermosa sin tener que compartir ya que había uno para cada comensal.

 

  • Dim sun con salmón en arroz en escabeche: no estamos acostumbrados  a probar estos bocados y también nos gustó. Ayudó a bajar el punto de picante del taco anterior y los Dim Sun estaban bien repletos.

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  • Gua bao relleno de carne de res al roccotto: hasta este momento no sufrimos de verdad la sensación de fuego en nuestra boca. Fuerte, sabroso, contundente, picante. Tres cuartas partes de la mesa lo disfrutó con ganas.  Gran final.

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De la extensa carta de vinos, por unanimidad nos decidimos por el albariño ya comentado Dos botellas cayeron para sofocar la sed y esos momentos de furor del picante. Echamos de menos que los camareros, salvo cuando nos sirvieron la primera vez, no nos sirvieran alguna copa más.

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  • Surtido de repostería: tres testimoniales porciones de cheese-cake, de otro pastelito que no recordámos y de brownie acompañados de dos bolitas de helado de maracuyá. El primero algo plano, el segundo, el que no recordamos estaba  rico, el brownie nunca falla y el que triunfó en la mesa fue el helado de maracuyá. Bonito y suficiente toque final.

 

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Nuestra impresión… pagar algo más de 50 euros por persona y no salir satisfecho no suele ser algo de lo que sentirse bien. La comida rica y con toques vanguardistas. La presentación muy buena, quizás cantidades algo escasas y en platos para compartir para cada dos comensales, lo que hace que las cantidades aún parezcan menores. Quieren jugar la liga de campeones pero aún no están lo suficientemente maduros para ello. Aguantan dos partes de tensión y sacrificio pero luego, en una jugada tonta de la prórroga tiran por la borda todo lo conseguido… Una lástima…

Debe mejorar… el servicio de sala en general. No hablamos de amabilidad o de educación, que de eso no cabe ni un atisbo de duda, sino de la falta de muchos pequeños y algún que otro error garrafal. Ahí reside el meollo de muchas cosas. No hubo opción a tertulia tras la comida, no se nos ofrecieron cafés ni licores y tuvimos a sensación de que tenían ganas de que abadonáramos el local. Es probable que notaran la falta de química en el ambiente tras los percances…

Su fuerte es… la originalidad en estética y decoración de todo el local con toques innovadores en todos sus platos. Su disposición a querer agradar y mejorar. Si siguen así es posible que lo acaben consiguiendo.

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Total tíquet: 228,60€

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